El título se lo disputan cada año las 14 fábricas europeas de la marca Volkswagen: las de Wolfsburg, Mosel, Kassel, Emden, Dresde, Brunswick, Hannover, Chemnitz y Saltzgitter en Alemania; las polacas de Poznam y Polkowice, la eslovaca de Bratislava, la portuguesa de Palmela y la de Pamplona. El consorcio alemán cuenta con varias plantas más en Europa, pero pertenecen a otras marcas como Seat, Skoda y Audi (que acaba de incorporar en su ámbito a la planta de Bruselas).
Para concursar, las factorías deben acreditar un análisis de su siniestralidad en los últimos tres a a cinco años, y no haber sufrido ningún accidente mortal en el último año. Cada año se eligen tres finalistas y una auditoría in situ determina el vencedor. En 2006, Pamplona se impuso a Poznam (2ª) y Palmela (3ª).
Sáenz, que en 2006 dirigía precisamente la planta portuguesa, destacó «la trayectoria positiva» de la fábrica navarra en sus índices de accidentabilidad en los últimos seis años, tanto en gravedad (se mide en jornadas perdidas respecto al total trabajado) donde VW-Navarra se situó como la segunda mejor planta estadísticamente en 2006, como en frecuencia (número de accidentes en función de las horas trabajadas) donde la planta navarra resultó la más segura de las catorce.
Cumbre de directivos
La entrega formal de premios a los finalistas congregó ayer en Pamplona a los directivos de estas 14 fábricas y varios equipos de las plantas finalistas. Al acto acudió también el máximo responsable de producción de Volkswagen, Reinhard Jung, a su vez presidente de VW-Navarra, en el que podría ser su último acto oficial en Navarra (el grupo lo ha nombrado presidente de Skoda a partir de octubre). Acudieron también el presidente del comité europeo y mundial de trabajadores, Bernd Osterloh, en su primera visita a la fábrica navarra, así como la responsable de coordinación de Seguridad Laboral de todo el consorcio, Elke Sebold-Tanski.
La parte local la nutrieron los directores y gerentes de la planta navarra; los responsables de UGT y CC OO en la fábrica, José Luis Manías y Raúl Villar, así como los máximos dirigentes de ambos sindicatos en Navarra: Juan Goyen y José María Molinero, y el consejero de Industria en funciones, José Javier Armendáriz.
Durante el acto, VW-Navarra proyectó un vídeo elaborado para la ocasión, en el que echó mano de nuestro evento más universal, el encierro, para ilustrar la tendencia natural de los humanos, «la máquina más perfecta», a sobrestimar su capacidad ante el riesgo. Ensalzaba las virtudes de la formación (normas para correr) y el conocimiento para vencer esa menor percepción del riesgo, una especie de símil de la educación preventiva que aplica la fábrica entre sus empleados y colaboradores de subcontratas desde el primer día que pisan la fábrica.
Seguridad y competitividad
Jung afirmó que «sólo en un entorno seguro podemos desarrollar nuestra creatividad» y se congratuló de que las 14 plantas europeas de la marca «sólo» registraron 747 accidentes con baja de al menos un día en 2006. Suman cerca de 128.000 trabajadores.
Osterloch, por su parte, aprovechó para pedir a la dirección que no se instale en la autocomplacencia. Señaló «la seguridad laboral tiene siempre la escala de valor que la dirección le da» y así se ve en las fábricas con buenos ratios. Apostó por un «cambio cultural» para que «las mejoras no sean tan sólo para aumentar la productividad sino también la calidad del puesto de trabajo».
Finalmente, Armendáriz afirmó que «la siniestralidad es un auténtico lastre para la competitividad de las empresas» y destacó el empeño de su Gobierno con los sindicatos para reducirla. Celebró el momento de «estabilidad laboral» que vive la factoría y deseó que en el futuro «más que un centro de trabajo más, VW-Navarra sea un foco permanente de generación de empleo y riqueza para Navarra y un ejemplo de excelencia en la gestión».